Los vinos según su envejecimiento

Share with:


Entre las múltiples clasificaciones que se hacen de los vinos, una de ellas es según su envejecimiento. Esto es según el tiempo que ha pasado entre la cosecha y el momento en qué el vino llega al mercado o se consume. En función del envejecimiento de los vinos nos podemos encontrar con vinos jóvenes y, en el marco de una clasificación que solo se hace en denominaciones de origen españolas con vinos de crianza, reserva y gran reserva. El vino blanco, generalmente es un vino joven o de crianza, mientas que el vino tinto lo encontramos en todas las categorías.

Vinos jóvenes

Los vinos jóvenes son aquellos que han pasado unos pocos meses en la bodega, sin que haya un mínimo establecido por norma alguna. Siempre hay excepciones, pero a nivel general son vinos frescos, afrutados, ligeros, con un color vistoso y acostumbran a ser muy delicados y sensibles a los cambios. Aunque pueden haber pasado por barrica, lo más habitual es que conserven también el aroma y el sabor que les da la uva con la que han sido elaborados y que no estén impregnados de otros sabores o aromas como los que pueden dar las barricas.

La mayoría de los vinos blancos son vinos jóvenes pero cada vez encontramos más bodegas que arriesgan y optan por unos blancos de más recorrido. Este poco tiempo que han pasado en la bodega es lo que hace que estos vinos, en general, sean más económicos que los vinos de crianza o reserva. En estos casos, lo más recomendable es consumirlo en cuanto se compran o en poco tiempo para evitar que puedan sufrir alteraciones que lo estropeen. Estos vinos también son conocidos como vinos del año o vinos nóveles.

Vinos de crianza

Los vinos de crianza son los que han pasado por un envejecimiento en la bodega de un mínimo de dos años, en el caso de los tintos. Es decir, sale al mercado a partir del tercer año tras las vendimia. En cambio, los vinos blancos y rosados pueden salir al mercado con la etiqueta de crianza tras pasar 18 meses, es decir un año y medio, en la bodega.

Pero estar en la bodega no es suficiente para conseguir la etiqueta de crianza. Y es que los vinos deben de pasar un mínimo de seis meses en barrica –con las excepciones de las DO Rioja y Ribera del Duero-. Este mínimo de seis meses en madera se aplica tanto a los vinos tintos como a los blancos y rosados, a pesar que estos se pueden comercializar a partir del segundo año.

El paso del vino por la barrica está pensado porqué este pueda mejorar sus cualidades gracias a las aportaciones que le hace la madera. Por esto, el envejecimiento, no es solo una cuestión de tiempo, sino que también va en función de la calidad del vino así como del tipo de barrica y madera escogida para que siga envejeciendo. Es aquí donde el vino cogerá nuevos matices aromáticos que se incorporarán a los propios taninos de un caldo. Esto sucede tanto en los vinos de crianza como los reserva y los gran reserva.

Tras el paso por la barrica, llega el turno del embotellado. Una vez el vino entra en la botella puede seguir envejeciendo. Se conserva en espacios similares a los de las barricas, con una humedad y temperatura constantes con las que el vino terminará de redondearse.

Vino reserva

En este caso, como los vinos de crianza, la clave es el tiempo que han pasado en la bodega. En el caso de los vinos tintos, el tiempo mínimo de envejecimiento es de al menos 36 meses, es decir tres años. Su comercialización llega en el cuarto año tras la vendimia. En referencia al tiempo que estos caldos deben haber pasado en una barrica, su permanencia mínima es de 12 meses.

En los vinos blancos y rosados, para ser considerados como unos vinos de reserva, este mínimo de tiempo de guarda en la bodega es de 24 meses, de los que un mínimo de media año debe haber transcurrido en barrica.

A pesar que en condiciones óptimas estos vinos se conservan más que los crianza y los jóvenes, como siempre, la recomendación es no dejar pasar demasiado tiempo entre su compra y su consumo. Este consejo lo damos porqué en las bodegas y tiendas especializadas cuentan con los medios de conservación idóneos para los vinos, cosa que no acostumbra a suceder en las casas particulares, con la excepción de aquellas que cuentan con espacios ya pensados para la conservación de los vinos, como pueden ser una bodega o neveras de vinos.

Vino gran reserva

En el último escalón de la calificación de los vinos según su envejecimiento nos encontramos con los gran reserva. Se trata de una maduración reservada a las mejores cosechas y por este motivo es posible que haya bodegas que opten por no elaborar vinos de este calibre cuando las añadas no son perfectas. Y es que para hacer estos vinos, más allá del tiempo que pasarán en bodega, se seleccionan solo las uvas de mejor calidad de cada vendimia. Son los vinos de más valor, pero si no son de una gran calidad, el consumidor no estará dispuesto a gastar su dinero en comprarlo. Pero es precisamente por su elevado valor por el que las bodegas quieren conseguir un gran reserva.

Y volviendo al parámetro del tiempo, en este caso, los vinos tintos deben contar con un mínimo de cinco años de envejecimiento en la bodega. Durante todo este tiempo, al menos un año y medio, es decir 18 meses, los vinos deben estar en una barrica de madera. De esta forma el vino conseguirá más matices en su sabor y más cuerpo. Su comercialización será partir del sexto año tras la cosecha de la uva con la que se ha elaborado.

En el caso de los vinos blancos y rosados gran reserva, el periodo que deben de estar en la bodega se reduce en un año, es decir, deben de tener una crianza de cuatro años. Y de este tiempo, como en el caso de los blancos y rosados de crianza y reserva, el tiempo mínimo que deben pasar en barrica es de seis meses.

Share with:


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *