Enorrelatos: el legado del inventor

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Hace tiempo conocí a un inventor maldito. Su maldición no era la falta de imaginación, ya que tenía muy buenas ideas, sino su miedo a llevarlas a cabo. Tenía pánico a comprobar si sus inventos serían útiles, si gustarían o no a la gente. Por eso cuando sus vecinos le preguntaban en qué estaba trabajando, él siempre tenía algún pretexto: “Estoy pensando algo nuevo”, “Tengo que hacer algunas modificaciones” o “No puedo contarte nada”. Ayer, leyendo el periódico, me llevé una desagradable sorpresa al toparme con su esquela y una gran tristeza se hizo presa de mí. No solo porque era una magnífica persona sino porque, a causa de su miedo, siempre se le recordará como un gran inventor; un inventor de excusas.

El vino que me inspiró: Silencis 2010.DO Penedès.

 

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