¿Es un vino caro mejor que uno más barato?

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El vino, pese a su variedad de precios, es un producto realmente exclusivo, pero sobre todo adaptable a todo consumidor. Frente a botellas que alcanzan los miles de euros, las nuevas bodegas son a veces capaces de ofrecer un vino igual de competente, pero a un precio más asequible. Pero, ¿qué diferencian, por ejemplo, un Priorat de 1.250€ y un Suertes del Marqués de 35€ y por qué el precio del vino es tan distinto?

Una variedad que da libertad al consumidor

Basta con pasearnos por una vinoteca para corroborar cuán distinto puede llegar a ser el precio de una botella de vino. Sin distinguir entre los vinos más caros del mundo como el francés Borgoña o los alemanes Mosela, unos precios cuya variedad da poder de elección al consumidor independientemente de su bolsillo. Sobre todo, cuanto se trata de buscar la calidad que algunos vinos más asequibles también consiguen.

Ese es el caso de suertes del marqués, con denominación de origen canaria. Prueba de que la alta calidad de las bodegas más recientes puede ya competir contra los imperios vitícolas de siempre con mayor comodidad y, sobre todo, capacidad. Pero, ¿es necesariamente mejor un vino caro? ¿Qué condiciona el precio del vino y por qué la apuesta por las nuevas bodegas es un valor seguro?

¿Por qué unos vinos son caros y otros no?

Procediendo de la misma fuente, y siguiendo en su base un proceso más o menos igual para su elaboración, el precio entre vinos nunca es el mismo. Y, aunque se crea en algunos casos que el único factor capaz de modular su coste es el tiempo, la realidad es que contribuyen a su valor todo tipo de aspectos. Rasgos que, a su vez, brindan la identidad —desde la uva misma hasta la barrica— que distingue a un vino de otro.

Entre los muchos escalones que preceden a la copa, el valor de un vino es el resultado de una compleja ecuación. Donde el tipo de uva —superando el millar de variantes—, la metodología de la vendimia —a mano o no, de noche o de día— o la añada —con años buenos y malos— son factores determinantes. Eso, sin tener en cuenta además los costes indirectos como lo son el embotellado, la distribución e incluso la publicidad.

Asimismo, otro punto que no debe olvidarse es que, entre otros, el prestigio, el valor histórico o la ubicación de la bodega encarecen el precio final del producto, ya que se trata de características que lo hacen más exclusivo. Sin embargo —si somos capaces de buscar bien—, en ocasiones podemos dar con algunos vinos increíbles a un precio realmente asequible para su consumidor. Pero, ¿existe alguna diferencia práctica?

Entre la D.O. y el valor del suelo

Echando un simple vistazo a los vinos caros que ofrecen vinotecas como La Tintorería, podemos comprobar que algunas botellas alcanzan fácilmente los 2.500€, como bien sucede con el Meo-Camuzet Richebourg, un pinot noir de la añada de 2016. En este caso, precio que, en parte, obedece a su denominación de origen en la región vitícola de la Borgoña (Francia), fuertemente arraigada a la elaboración de esta bebida.

Pero no todo queda en tierras francas, ya que en la misma vinoteca también podemos encontrar una botella de Priorat por 1.250€, L’Ermita, también de 2016. Destacando aquí la ubicación de su viñedo, sobre suelos de pizarra en una altitud de entre 400 y 500 metros. Como podemos ver en ambos casos, dilucidando que la situación geográfica y la fuerza del terruño son pilares fundamentales en el valor de un vino si se hace bien.

El momento de los nuevos vinos

Evidentemente, la experiencia también es un factor clave en el valor de un vino. En ese sentido, tanto los Borgoña como los Priorat remontan su historia siglos atrás, lo que les otorga ese cariz de calidad que a menudo sólo consigue la experiencia. Añadiendo a ello el haber podido superar y aprovechar las dificultades agrícolas de su tierra, dando lugar a fórmulas únicas que, por su perseverancia, son ya todo un patrimonio.

Con ello, el precio inalcanzable de algunas de sus botellas ha permitido que otros vinos más recientes se abran paso con una fuerza en sus primeros avances absolutamente prometedora. Retomando uno de los anteriormente mencionados, el tinerfeño Suertes del Marqués ha ido ganando terreno. Con botellas de tinto dulce que, con solera ya comenzada en 2010 a 35€, poco tienen que envidiar a las grandes casas vitícolas.

Elaborando vinos desde 2006, y entre la tradición de su D.O. en el Valle de La Orotava y la apuesta por variedades locales, siendo el principal exportador de vinos de las Islas Canarias. Todo un hito para una bodega ecológica y sostenible que, a nivel geográfico, poca relación guarda con el imperio de los Rioja o los Ribera del Duero. Y que, sin duda, es obligatorio catar para disfrutar del valor oculto de lo autóctono.

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